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Análisis y Prevención en Criminología Económica

En la criminología económica lo determinante es Lo Político y el eje estratégico u ordenador es Lo Económico, tomando el enfoque de la Planificación Estratégica Situacional, como método para la gestión del problema de la criminalidad. Lo Político en cuanto a la razón para gobernar que debería enfocarse en la resolución de los problemas sociales. Lo Económico en este nuevo paradigma no está circunscrito a los delitos penales económicos. Lo Económico es la economía en un sentido amplio, comprende las actividades humanas, los procesos de producción, intercambio, distribución y consumo de los distintos bienes y servicios. La realidad tiene problemas muchos más complejos que las alternativas académicas de análisis y resolución actuales. Los problemas sociales surgen en un ecosistema donde prevalece la incertidumbre y donde las soluciones son de final abierto en un juego de naturaleza cíclica, cada solución da origen a nuevos problemas que deben ser atendidos estratégicamente. La gestión del problema de la criminalidad está inmersa en ese escenario. Ni la criminología, ni la economía han prestado la debida atención a la criminalidad como distorsión de la dinámica económica, tanto a nivel central como macro económico

Cuando hablamos de criminología debemos considerar su origen como ciencia social cuyo objeto de estudio es la etiología del delito, el ¿Por qué? de la conducta delictiva o sus causas, para potenciar estrategias de prevención adecuadas

La criminología económica toma en cuenta los aspectos políticos, el control social, las políticas de prevención criminal y la Ley penal como parte de la dinámica del problema de la criminalidad.

La criminología económica toma en cuenta los aspectos políticos, el control social, las políticas de prevención criminal y la Ley penal como parte de la dinámica del problema de la criminalidad. Sin embargo, se diferencia de la criminología crítica pues no toma posición en la “crítica” en sí, ni emite juicios a favor o en contra de las posiciones políticas en la cuestión criminológica. Por el contrario analiza las interacciones sociales de los actores y como Lo Político puede ser determinante en esas interacciones

En la criminología económica lo determinante es Lo Político y el eje estratégico u ordenador es Lo Económico, tomando el enfoque de la planificación estratégica situacional, PES de Carlos Matus[1] como método para la gestión del problema de la criminalidad, evitando que las consideraciones etiológicas del delito se vean confinadas a la investigación descriptiva y procurando una criminología aplicada o criminología para la acción.

Lo Político es visto en cuanto a la razón para gobernar que debería enfocarse en la resolución de los problemas sociales y sin embargo, genera otros problemas, principalmente la dificultad que tienen los lideres de gobierno para conseguir un balance entre unos problemas y otros, los distintos grupos de interés y los propios intereses particulares de los gobernantes. Lo Político no es neutro.

Lo Político como concepto incluye también al gobierno corporativo en el sector privado y público institucional. Lo Político a lo interno de las organizaciones incluye el modelo de negocio, el sistema de gestión y el modelo organizativo adoptado

Las organizaciones de la administración pública tienden a adoptar modelos de gestión mediocres, de baja calidad y con escasa capacidad de respuesta respecto a las organizaciones privadas con las cuales interactúa, quedando naturalmente en desventaja situacional como ente de control – supervisión frente a sus regulados.

¿Qué es la Criminología Económica?

Sector Privado

En consecuencia, el sector privado asume una posición importante que no puede ser menospreciada ante un nuevo escenario global de prevención de la criminalidad, basado en la autorregulación, el buen gobierno corporativo, la responsabilidad corporativa, la sostenibilidad, la ética y la transparencia como parte de un buen diseño de las reglas del juego, todo esto, es mucho más complejo que el viejo paradigma de la criminología que asumía los controles laxos como una oportunidad para delinquir.

La criminología económica no está circunscrita exclusivamente a los delitos económicos.

Lo Económico en este nuevo paradigma de la criminología no está circunscrito a los delitos penales económicos. Esto es importante y por lo tanto me tomo la libertad de repetirlo: La criminología económica no está circunscrita exclusivamente a los delitos económicos. No estamos hablando solo de delitos económicos. Estamos hablando de todos los delitos cuyas causas y efectos derivan e impactan en el juego económico donde la criminalidad es una interacción económica más.

La realidad tiene problemas muchos más complejos que las alternativas académicas de análisis y resolución de problemas actuales. El conocimiento se ha departamentalizado de modo tal que la economía, las ciencias políticas, la geografía, el derecho, la ingeniería, la medicina, la psicología, la criminología etc., busquen soluciones parciales ante los problemas sociales usando anteojeras académicas, sin visión periférica.

La realidad no atiende toda esa departamentalización y traspasa la verticalización positivista que se ha hecho al conocimiento. La realidad es mucho más compleja dando como consecuencia lo que Carlos Matus denominó como problemas cuasi-estructurados, que ocurren con un intercambio fluido entre multiplicidad de variables, donde la relación entre esas variables es poco precisa y las soluciones a los problemas son situacionales (buenos para unos y malos para otros), donde cada solución tiene además efectos deseados e indeseados.

Los problemas sociales surgen en un ecosistema donde prevalece la incertidumbre y donde las soluciones son de final abierto en un juego de naturaleza cíclica, como el ouróboros, la serpiente que se come su propia cola, cada solución da origen a nuevos problemas que deben ser atendidos estratégicamente. La gestión del problema de la criminalidad está inmersa en ese escenario.

Es necesaria una integración horizontal del saber, para prevenir y controlar las distintas formas de criminalidad.

Vista así, la criminalidad como un problema cuasi-estructurado, es comprensible que la gestión de la política criminal no puede recaer únicamente en el Estado. La seguridad pública no puede reducirse a un problema de Estado, ni tampoco a una única rama del conocimiento. Es necesaria una integración horizontal del saber, para prevenir y controlar las distintas formas de criminalidad en las organizaciones y macro-organizaciones públicas y privadas.

Si se conviene definir el escenario de la criminalidad actual sin duda alguna, un buen punto de partida es Lo Económico. Las interacciones sociales hodiernas son fundamentalmente intercambios económicos, salvo casos concretos que vienen regulados por un intercambio afectivo, como las relaciones familiares, entre otros vínculos.

Curiosamente, la criminología tradicional ha hecho mucho énfasis en los aspectos psico-emocionales del delito; que en realidad, son limitados al intercambio afectivo-emocional entre los actores sociales, descuidando por completo otros aspectos que son determinantes en la toma de decisiones de las relaciones sociales, como el intercambio económico.

Cuando se hace referencia a Lo Económico como eje estratégico u ordenador del intercambio social, se habla de economía en un sentido amplio, asumiendo que como objeto de estudio esta ciencia social comprende las actividades humanas, los procesos de producción, intercambio, distribución y consumo de los distintos bienes y servicios.

¿Qué es la Criminología Económica?

Control Social

Aunque algunos economistas positivistas han mantenido la economía, como un proceso mecánico que funciona como una máquina impulsada por las transacciones humanas (intercambio de bienes y servicios); estudios más recientes, han observado que en la economía se integran numerosos aspectos psicológicos, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre. Este avance hizo merecedor del premio Nobel de Economía al psicólogo Daniel Kahneman[2] en el año 2002, autor de números libros y artículos científicos sobre el argumento y luego al economista Richard Thaler[3] por sus contribuciones en el desarrollo de la economía conductual o economía del comportamiento.

La economía contiene transacciones o intercambios que van impulsados por la naturaleza humana con sus virtudes y defectos, conducidos en el bien y el mal, motivados por el interés y el beneficio que en ocasiones puede ser injusto y dar cabida a un comportamiento criminal según la Ley penal.

El intercambio económico incluye elementos macro o fases cíclicas como la productividad, la deuda a corto y largo plazo, el crédito, la emisión monetaria, etc., que son afectados directamente por diversas fuerzas. Por una parte, la política que incluye la normativa fiscal, monetaria y financiera; y por otra parte, las fuerzas internas de los actores del propio intercambio económico; es decir, las personas y empresas que hacen vida en un determinado ecosistema económico.

Al centro de ese intercambio económico están los movimientos de capital (dinero o crédito), que ocurren cada vez que un actor compra algo o paga por un servicio a otro actor que vende o provee. Este intercambio rige a las organizaciones que pagan a sus empleados a cambio de los servicios prestados (según acuerden en los contratos de trabajo), y rige también a toda la dinámica del intercambio económico entre unas organizaciones y otras. En la economía están todos los compradores y vendedores de algo, que participan y se interconectan. En la economía están todas las personas.

En ese orden de ideas, el mercado es el sub-sector de la economía, donde transitan compradores y vendedores de determinados insumos, por ejemplo; el mercado automotor, el mercado de las telecomunicaciones, el mercado financiero, etc. Los distintos mercados son entidades figurativas que en la realidad se entremezclan en un final abierto.

Los delincuentes no son ermitaños económicos. Sus delitos están motivados por el mismo intercambio económico que rige a la mayoría de las relaciones sociales no afectivas, que buscan satisfacer una necesidad económica, obtener un beneficio o ganar un interés.

Del mismo modo en que existen en la economía  actores que venden sus servicios a través de un contrato de trabajo, existen delincuentes individuales que se agrupan con contratos de trabajos no formales, movidos por el ánimo de lucro o animus lucrandi.

En un segundo orden, están las empresas, las PyMES (pequeñas y medianas empresas) y las cooperativas, cuya contra partida son las bandas criminales y los grupos organizados y por último, en una tercera escala de mayor impacto global están las empresas multinacionales, con sucursales en distintos países y jurisdicciones, cuyo equivalente es la Delincuencia Organizada Transnacional (DOT), que supera en creces al ánimo de lucro, con ambiciones económicas mayores y que opera motivada por el ánimo del negocio o animus negocialis.

En el juego económico, quien produce intercambia. Es muy difícil conseguir la completa auto-sostenibilidad fuera del juego de intercambio económico. Lo mismo ocurre con la criminalidad. Incluso el delincuente urbano que actúa individualmente, cuando por ejemplo roba la cartera a otro ciudadano, recurre a un intercambio económico con la venta de los objetos del robo.

Ni la criminología, ni la economía han prestado la debida atención a la criminalidad como distorsión de la dinámica económica

Ni la criminología, ni la economía han prestado la debida atención a la criminalidad como distorsión de la dinámica económica, tanto a nivel central como macro económico. Hay algunos trabajos sobre la economía subterránea que se aproximan al problema y sin embargo, no concretan una conexión de sentido entre los capitales ilícitamente obtenidos, las actividades que los procuraron y el resto del escenario económico. Ninguna cosa está aislada y todo tiene consecuencias integrándose en la misma realidad.

Mano Invisible en la criminología

Mano Invisible del Juego Económico.

La Mano Invisible.

 Hay una metáfora económica muy arraigada en la comunidad que hace referencia a la “mano invisible” creada por el padre de la economía Adam Smith[4] en el año 1759, para explicar la capacidad de autorregulación del libre mercado. Sin embargo, si leemos con detalle el texto donde fue acuñada por primera vez, veremos que esa “mano invisible” es en realidad la moral colectiva. Cito: 

“Los ricos solo seleccionan del montón lo más preciado y agradable. Ellos consumen apenas más que los pobres, y a pesar de su natural egoísmo y avaricia, aunque solo buscan su propia conveniencia, aunque el único fin que se proponen es la satisfacción de sus propios vanos e insaciables deseos, comparten con los pobres el fruto de todos sus progresos. Son conducidos por una mano invisible a realizar casi la misma distribución de las cosas necesarias para la vida que habría tenido lugar si la tierra hubiera estado repartida en porciones iguales entre todos sus habitantes, y entonces sin pretenderlo, sin saberlo, promueven el interés de la sociedad y aportan medios para la multiplicación de la especie.”

El capitalismo basado en el libre juego de las fuerzas del mercado con esa “mano invisible” es una falacia pues Lo Político, como hemos explicado al inicio, interviene en mayor o menor grado tratando de dar un balance al juego económico.

Es difícil confiar en el buen juicio moral o el control de los impulsos de codicia y ambición de los actores en el juego económico, pues estaríamos entrando en el campo abstracto de la ÉTICA, que es subjetivo y circunscrito a un marco de referencia personal e individual.

Lo que si podemos es prevenir el peligro, el riesgo y el daño que conlleva situaciones conducentes a formas de delincuencia. Para ello es necesaria la estructuración de reglas claras, viables, equilibradas y acompañadas de procedimientos y controles externos, internos y recursivos en las organizaciones. Todo esto inicia de la definición de un marco ético común u organizacional como política formalmente establecida, que sea claro, preciso y de fácil comprensión para todos.

Es el balance entre Lo Político y Lo Económico lo que determinará la adecuada estrategia de prevención y control de la criminalidad. La reglas extremadamente rígidas o desproporcionadas suelen dar origen a otros problemas como la evasión consentida, el incumplimiento u otras reacciones sociales adversas.

Societas Delinquere Non Potest”, sin embargo ocurre.

 Hay una máxima jurídica que siendo intencionalmente formulada en latín por su autor, erróneamente se le atribuye con frecuencia al derecho romano, sin embargo fue inventada por el penalista alemán Franz von Liszt[5] en el año 1881, “Societas delinquere non potest” que traduce “una sociedad no puede delinquir”, en virtud de la cual se consideraba que las personas jurídicas, las empresas, corporaciones u organizaciones jurídicamente constituidas, no podían cometer delitos dado que carecían tanto de la capacidad de acción como del principio de culpabilidad.

Esta doctrina negacionista de la responsabilidad penal de las personas jurídicas creada por Feuerbach, llevó a que todos los países con sistema jurídico heredero del derecho romano o sistema jurídico romano-germánico, excluyeran a las personas jurídicas como sujetos de derecho penal, tal y como había hecho también el propio derecho romano, donde la responsabilidad penal era individual y personal.

Por su parte, los países herederos del sistema jurídico británico common law o sistema jurídico consuetudinario, como los Estados Unidos, no se abstuvieron de incluir a las personas jurídicas como sujetos de derecho penal, donde la responsabilidad penal de la corporación recae en sus autoridades quienes pueden ser punibles con penas privativas de libertad, cuando cualquiera de sus empleados o agentes, independientemente del cargo que ocupen, actué dentro del alcance de su autoridad, en representación de la compañía, para beneficio o interés de esta última. La compañía podrá ser responsabilizada, incluso si se benefició solo parcial o indirectamente.

El precedente histórico mejor documentado sobre este argumento indica que en los Estados Unidos, el concepto de responsabilidad penal empresarial existe desde hace más de un siglo. En 1909, la Corte Suprema, cuando decidió el caso  New York Central & Hudson River Railroad vs. Estados Unidos, autorizó por primera vez la aplicación de sanciones penales a las corporaciones. Ello permitió a las autoridades judiciales responsabilizar a las compañías por los actos de sus agentes, incluyendo a sus empleados y terceros que actuaban en su representación, es lo que hoy se conoce como la a doctrina respondeat superior.[6]

Es lógico pensar que legitimar una organización a través de la conformación de una persona jurídica, no excluye el Animus Delinquendi, la intención, la voluntad interna y consciente de los actores que la conforman para cometer o formar parte de actividades criminales de cualquier tipo.

La Delincuencia Organizada Transnacional (DOT) es el mejor ejemplo de la capacidad de estructurarse organizativamente que tienen las nuevas formas criminales, que traspasan las fronteras convirtiéndose en multinacionales del crimen y asociándose formal e informalmente con otros grupos en los mercados donde operan, donde el delito es solo una forma del negocio.

Aunque la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, suscrita en Palermo, tiene ya veinte años, todavía quedan algunos países que no han dado el paso ante las exigencias de los tiempos, para actuar penalmente contra las personas jurídicas, con responsabilidad penal y no solo con una responsabilidad administrativa derivada de las causas penales.

No en vano el Grupo de Acción Financiera Internacional, GAFI/FATF ha destacado que las estructuras jurídicas opacas son una de las tipologías más utilizadas por los grupos criminales para legitimar/blanquear capitales de origen ilícito.

Estas personas jurídicas instrumentales, son a la vez un medio para delinquir y una estrategia de protección criminal relativa, en la comisión de este delito especialmente difícil de comprender en la doctrina jurídica tradicional

En una próxima entrega explicaremos como ocurre la interacción en la economía de redes y como estos conceptos permiten comprender la dinámica de la criminalidad en relación al propio contexto social, político y económico.

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