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Análisis y Prevención en Criminología Económica

– Especial Día Internacional de la Mujer –

¡Advertencia!!! Si eres mujer…

Soy una gran curiosa de las estadísticas y los datos. Soy mujer y quienes me conocen saben que tengo un genuino interés personal por la criminología económica y que estos temas se han convertido en una pasión que me desborda como mujer.

Si, soy mujer. Y cuando hago algo le meto el corazón y no solo la razón, las mujeres tendencialmente somos apasionadas.

Ese también es un hecho estadístico.

En este especial conmemorativo del Día Internacional de la Mujer quiero agrupar una serie de datos que he encontrado de

fecha reciente y ante los cuales no se puede permanecer indiferente.

Datos que, en una dimensión global, reflejan un problema silente del cual muchos (por no decir, todos), hemos sido

ignorantes de segundo grado:

ignorantes de nuestra propia ignorancia, dejando que la desigualdad de género se convierta en parte del paisaje, algo que está allí y se normaliza en la costumbre del “siempre ha sido así”.

Soy madre, tengo dos hijas, dos mujeres que al crecer saldrán por si solas a una sociedad que espero, en un futuro cercano, sea menos misógina o tenga menos estado misógeno que ésta donde estamos ahora.

La más pequeña de mis hijas tiene 15 meses y aún recibe de mi parte la lactancia materna.

Es evidente para cualquiera que administra la economía doméstica, que la lactancia materna implica un ahorro en

productos o fórmulas lácteas para infantes, pero no habría reflexionado sobre las cuestiones de la economía feminista de

no haberme tropezado con un post en Instagram que decía algo así como: “Amamantar a tu hijo durante 1 año equivale a

1620 horas de tu tiempo. Eso es casi 1 año (1920 horas) de un trabajo a tiempo completo”. Todavía no comprendo quién o

cómo se hizo ese cálculo, ya que amantar no tiene horario y resultaría realmente complejo monitorearlo en tiempo.

Sin embargo, ese dato fue mi punto de inflexión:

¿Cuánto vale el tiempo que las mujeres dedicamos al cuidado de los hijos y a los quehaceres domésticos?

¿Será que alguien lo ha calculado?

Pues resulta que sí.

Hay precedentes, análisis del uso del tiempo y del valor de los trabajos domésticos no remunerados y del cuidado, que

desde la economía feminista nos develan la otra cara de la cotidianidad. La cara de la desigualdad de género.

Desde luego, no puedo evitar situarme desde la criminología económica, por tanto, las cifras que presentaré a continuación atienden un doble enfoque.

Por una parte, los derechos económicos de las mujeres que se revelan vulnerables y vulnerados sistemáticamente por un Estado evasor de sus responsabilidades.

Un Estado que penaliza la omisión de las obligaciones fiscales, persiguiendo el delito de evasión de impuestos,

y que al mismo tiempo es un evasor de sus obligaciones económicas desvalorizando el rol de las mujeres

y su aporte socio-económico desde el núcleo familiar, sin reconocer, por ejemplo, el derecho a una pensión en la vejez a las amas de casa; entre otras cosas.

Por otra parte, se ilustrará la violencia económica como el menoscabo más gravoso de la dignidad económica de las mujeres y como estás, por ejemplo,

vienen expuestas y forzadas en mayor medida que los hombres, ha incurrir en sobornos.

Iniciaremos justamente por este último aspecto.

Espero que esta iniciativa sea un valor agregado en conocimiento para mis lectores. Con la mayor estima,

 

Raquel Rondón

¿Estado Misógino?

Violencia económica contra las mujeres en el contexto de la economía feminista

Por: Raquel Rondón, Editora.

Iniciemos con uno de los delitos económicos mayormente difusos en el tejido socio-económico actual, la corrupción.

Para conseguir una percepción de la corrupción, vista desde las diferencias de género en América Latina y el Caribe,

debemos situarnos en el más reciente informe de Transparency.org, que deriva de una encuesta realizada a más de 17.000

personas, en 18 países de la región y publicado con ocasión al Barómetro Global de la Corrupción 2019.

Aunque existen algunos sesgos androcéntricos en el informe desde el punto de vista del observador masculino, comenzando por el uso de títulos como:

“Mujeres y Corrupción”,

que induce al error de hacernos pensar que se abordarán temas como los escándalos de corrupción de las ex-presidentes

féminas y que en realidad argumentan otra historia; el informe resulta de gran apoyo para desenmascarar datos que

proporcionarían vías alternativas para el desarrollo de políticas anti-corrupción.

En la presentación se explica que está impulsado por los nuevos movimientos feministas como el reclamo a través de

marchas multitudinarias de mujeres en países como Argentina, Costa Rica, Brasil o México, donde las mujeres han salido a

la calle exiguir sus derechos a una salud reproductiva y que sean tomadas medidas en respuesta al fenómeno #MeToo.

Tranparency.org consiguió que esa forma de acoso y violencia sexual en las relaciones de trabajo, támbien está presente

en las relaciones donde las mujeres dependen de la prestación de servicios de la administración pública, demostrando

estadísticamente que éstas son acosadas y presionadas a ofrecer sobornos sexuales.

Un análisis a estos datos permitiría desarrollar estrategias anticorrupción que a la vez coadyuven a disminuir las brechas

de desigualdad de género y las formas más sutiles de violencia, entre ellas; la violencia económica contra la mujer.

La estadística presentada en el precitado informe demuestra que la corrupción afecta de manera desproporcionada a las mujeres.

Eso debería considerarse una señal de alerta de desigualdad de género ante el problema.

[1] Barómetro Global de la Corrupción 2019, para América Latina y el Caribe. https://issuu.com/transparencyinternational/docs/2019_gcb_lac_women_and_corruption_es

[2] Uso la denominación Ex Presidentes, para referirme a las Ex Presidentas. En este caso concretamente hago alusión a Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff.

Los motivos por los que la corrupción, los sobornos y la extorsión sexual está más presente en la población femenina no son del todo claros.

Sin embargo, los datos muestran que

1 de cada 5 personas enfrenta situaciones de extorsión sexual

o conoce a alguien que ha tenido una experiencia de ese tipo. El 55% de estas personas son mujeres.

Algunas mujeres se ven coaccionadas a ofrecer actividades sexuales a cambio de recibir los servicios públicos del Estado a los cuales tendrían derecho.

Entre los países con los niveles más altos de sextorción están, Barbados con 30%, Bahamas con 24% y Guatemala con 23%.

La extorsión sexual o sextorción, como viene definida en el informe refiere al uso del sexo como moneda de cambio para pagar el soborno.

Es decir, algunas mujeres se ven coaccionadas a ofrecer actividades sexuales a cambio de recibir los servicios públicos del Estado

a los cuales tendrían derecho, entre ellos: asistencia médica y educación para si mismas o para sus hijos.

Entre los países con los niveles más altos de sextorción están, Barbados con 30%, Bahamas con 24% y Guatemala con 23%.

Por otra parte, los países con niveles más bajos de esta forma de agresión son: Chile con 14%, Panamá con 14% y el Salvador con 15%.

Y, ¿Qué sucede cuando estas mujeres denuncian la agresión o sextorción?

Estas denuncias no son tomadas seriamente y por tanto no se les da seguimiento.

Los tres países donde esto ocurre  con mayor énfasis son:

República Dominicana con 57%, Honduras con 51% y Guatemala con 51%.

Esto pone a las mujeres en una fuerte desventaja situacional frente al soborno y la corrupción en todos sus tipos,

victimizándolas por violencia económica gubernativa.

Existe mayor corrupción en los contextos de mayor pobreza.

Los datos recabados demuestras que ser pobre y ser mujer, conlleva una mayor exposición al riesgo de violencia económica por corrupción.

Las mujeres más pobres son inducidas más frecuentemente a pagar sobornos por servicios judiciales que las mujeres ricas,

así como a pagar sobornos por servicios de salud y educación en las escuelas públicas.

Es probable que esto se deba a una combinación de desconocimiento de sus derechos con carencia de tiempo,

que les lleva a acudir a atajos para resolver sus necesidades lo más rápido posible.

De ese mismo modo, al no tener recursos económicos para pagar los sobornos exigidos,

se ven obligadas a usar el sexo como instrumento de intercambio.

La carencia de tiempo en las mujeres es consecuencia de la multiplicidad de tareas que estas deben asumir simultáneamente.

La pobreza de tiempo puede ser vista como una variable concomitante de la pobreza económica.

Vale más que el dinero y viene robado orgánicamente: El Tiempo

La pobreza, desigualdad económica y desigualdad de género han sido ampliamente estudiadas en los últimos años por

organizaciones del prestigio de las Naciones Unidas que en su documento titulado: Estudio Mundial sobre el Papel de

la Mujer en el Desarrollo (17 de junio de 2019), presenta la importancia de hacer frente a la pobreza económica y

pobreza de tiempo de las mujeres en favor del desarrollo sostenible y cito:

“La doble dificultad derivada de la pobreza económica y la pobreza de tiempo se hace

especialmente evidente en el caso de las mujeres que están en edad de procrear,

cuando a menudo deben cuidar de niños pequeños. Esto puede dar lugar a la transmisión

intergeneracional de la pobreza, por medio de la pobreza infantil y de las privaciones que

sufren las niñas adolescentes que asumen un número excesivo de horas de trabajo doméstico

y de cuidados no remunerado. Esa carga adicional pone en peligro las oportunidades

de educación y formación de las mujeres y las niñas, lo cual puede agravar su vulnerabilidad

frente a la pobreza a lo largo del ciclo vital.

Esta dinámica intergeneracional tiene consecuencias importantes para la igualdad”

Cuando el uso del tiempo no viene valorado, reconocido y recompensado, se crea un déficit moral para con las mujeres que se ocupan exclusivamente de las tareas domésticas y el cuidado.

El tiempo viene robado o sustraído fraudulentamente, como si se consumara una especia de estafa:

un beneficio injusto en perjuicio ajeno.

Una situación que no se resuelve con subsidios salvadores del Estado, como los aplicados en las políticas sociales de los gobiernos de izquierda,

es un problema de desigualdad en la carga del trabajo doméstico no remunerado que se resolvería con una distribución paritaria del uso del tiempo,

donde los hombres también asuman esas responsabilidades de modo igualitario.

[1] Organización de las Naciones Unidas. Estudio Mundial sobre el Papel de la Mujer en el Desarrollo, 2019. P.4.

El tiempo: un bien precioso y muy limitado.

Si bien la pobreza económica es un concepto al que estamos más familiarizados, la pobreza de tiempo refiere al escaso

tiempo de ocio que resta a disposición después de las horas destinadas al trabajo pagado y al trabajo doméstico no

remunerado, como los quehaceres domésticos y el cuidado de los niños, ancianos y enfermos.

Esta ausencia de tiempo libre tiene efectos negativos en la salud física y emocional de las mujeres que

terminan literalmente exhaustas, lo que puede ser considerado una restricción a la libertad humana y una

forma de violencia económica.

Se excluye del concepto de pobreza de tiempo, a las personas que conscientemente y de manera voluntaria dedican la

mayor parte de su jornada al trabajo en actividades remuneradas, por ejemplo, dueños de empresas, atletas de

alto rendimiento, entre otros, que gozan de poco tiempo de ocio, pero lo hacen por libre elección y no obligado

por las circunstancias.

¿Cómo usamos el tiempo? Diferencias entre hombres y mujeres.

La pobreza de tiempo va medida a través de las Encuestas de Uso del Tiempo- EUT en hogares.

Considerando que una jornada tiene 24 horas, si, por ejemplo, se dedican 8 horas al trabajo remunerado o empleo y

8 horas a dormir, restan 8 horas de las cuales, en una proporción óptima, se tomarían no más de 5 horas

para los quehaceres domésticos y el cuidado de las personas dependientes y quedarían 3 horas libres o tiempo

de ocio, que podría dedicarse al esparcimiento, la recreación, el deporte, a las tertulias familiares, a la lectura, etc.

Esas tres horas diarias de libertad de acción, constituyen el mínimo necesario para que una persona continúe a ser equilibrada mental

y emocionalmente; lo que consecuentemente prolonga su salud y longevidad-esperanza de vida.

Un ejemplo son los datos revelados por la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (Dgeec) de Paraguay en el 2016,

donde se observa que, de la población mayor de 14 años, las muje­res dedican 36 puntos más de su tiempo,

que los hombres en trabajos domésticos y de cuidado no remunerados.

 La situación no es muy distinta en Europa.

A través de la Encuesta de Calidad de Vida del 2016, se encontró que el porcentaje de mujeres de 18 y más años que dedican

al menos varios días a la semana al cuidado o educación de hijos, cocinar o hacer labores domésticas, cuidados de familiares,

vecinos o amigos con discapacidad, es superior en todos los casos al porcentaje de hombres

de 18 y más años que realizan estas mismas tareas.

En algunos países la pobreza de tiempo en las mujeres es tan acentuada que afecta también las horas de sueño y descanso provocando un constante agotamiento que supera la sostenibilidad bilógica. La pobreza extrema incluye situaciones de carencia de tecnologías y servicios públicos, por lo que estas mujeres deben recorrer largos trayectos para proveer de agua a sus casas, leña para cocinar o calentarse, entre otros esenciales. También converge en que estas mujeres tienen mayor número de personas bajo su cuidado, mayor número de hijos, enfermos y ancianos. Ocuparse de estas actividades les limita la posibilidad de estudiar, así como conseguir empleos con salarios y condiciones dignas.

Sostenibilidad biológica, económica y emocional. En las personas, el agotamiento puede ser físico y mental y se mide a través de indicadores como el bajo índice de masa corporal, el cansancio, la falta de sueño, la pérdida de autoestima y la falta de tiempo suficiente para uno mismo, para disfrutar de las amistades y para participar en la vida comunitaria. Organización de las Naciones Unidas. Estudio Mundial sobre el Papel de la Mujer en el Desarrollo, 2019. P.13

El trabajo no remunerado de las mujeres en el hogar representa entre un 35% a un 45% del PIB en déficit, que no viene pagado, ni reconocido por el Estado.

Estas EUT son relativamente recientes. En la economía feminista suele citarse como una de las primeras fuentes de datos globales sobre el uso del tiempo, el Informe de Desarrollo Humano del 1995. Que, entre otras cosas, analizó cuánto podría representar el trabajo no remunerado de las mujeres en el hogar, frente al Producto Interno Bruto-PIB de las naciones. En ese momento se encontró que este representa entre un 35% a un 45% del PIB en déficit, que no viene pagado, ni reconocido por el Estado, manteniendo esta actividad como una parte de la economía subterránea.

Hay otros datos que podemos resaltar del informe de Desarrollo Humano del 1995, cito:

“Las mujeres siguen constituyendo el 70% de los pobres del mundo y de ellas, las dos terceras partes son analfabetas. Las mujeres sólo ocupan el 14% de los puestos administrativos y ejecutivos, el 10% de los escaños parlamentarios y el 6% de los cargos en gabinetes nacionales. Según muchos sistemas jurídicos, aún no están en condiciones de igualdad. A menudo trabajan más horas que los hombres, pero gran parte de su trabajo sigue sin valorar, sin reconocer y sin apreciar. Y  la amenaza de violencia las acosa durante toda su vida, desde la cuna hasta la tumba”.

 

[1] Sostenibilidad biológica, económica y emocional. En las personas, el agotamiento puede ser físico y mental y se mide a través de indicadores como el bajo índice de masa corporal, el cansancio, la falta de sueño, la pérdida de autoestima y la falta de tiempo suficiente para uno mismo, para disfrutar de las amistades y para participar en la vida comunitaria. Organización de las Naciones Unidas. Estudio Mundial sobre el Papel de la Mujer en el Desarrollo, 2019. P.13

[1] Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNU, P.4. http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr_1995_es_completo_nostats.pdf

 

Mujeres en la economía y vida pública.

La participación de las mujeres en la economía formal es siempre inferior que los hombres. En lo relativo al acceso al crédito en las instituciones bancarias, las mujeres representaban para el 1995 solamente entre el 7% al 11% de los beneficiarios de crédito, bajo el argumento que el género femenino ofrece menos garantías de pago. Esto aumenta los factores de riesgo de pobreza en las mujeres que se ven con la dificultad de acumular activos y ahorros que las hagan independientes económicamente, creándose un bucle vicioso entre la desigualdad de género, la pobreza y la exposición a la violencia. Las mujeres que dependen económicamente de los hombres son más vulnerables a sufrir violencia psicológica, violencia física y maltrato de sus conyugues y familiares de los que dependen.

Aunque no existen datos recientes y representativos globalmente sobre el poder económico de las mujeres, en el Estudio Mundial sobre el Papel de la Mujer en el Desarrollo, 2019, se afirma que la proporción de activos en manos de mujeres es claramente inferior a la de los hombres, por ejemplo, en India y Ghana las mujeres poseen el 19% y el 30% respectivamente, de los bienes materiales brutos del hogar, entre los que se incluye tierras y otros activos, siendo los hombres los que prevalentemente son titulares de los bienes

Tener el acceso al trabajo remunerado o empleo es igualmente un problema de género. Según datos de la Eurozona publicados por la ficina estadística europea, Eurostat en el 2018, la tasa de desempleo afecta en mayor medida a las mujeres, con un 8,3 % en los diecinueve países de la UE, frente a un 7,6 % en el caso de los hombres.

En algunos países europeos como Grecia, la brecha de género en el desempleo se acentúa con 8 puntos en perjuicio de las mujeres.

Existe una gran evasión de parte del Estado en atender estas brechas de desigualdad. Aunque se han dado pasos en pro de los derechos de las mujeres, todavía estos esfuerzos siguen siendo insuficientes. En la mayoría de los países, las mujeres que se dedican exclusivamente al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, las “Amas de Casa”, son una categoría no protegida que no goza de los beneficios de la asistencia y seguridad social, servicios públicos de salud, sistema de pensiones, entre otros.

Siendo ellas, una base importante para el sustento del sistema económico, pues sin las mujeres no sería sostenible la reproducción de la vida, un término que la economía feminista acoge para sustituir el desgastado concepto de producción que en años anteriores ha acuñado la economía positivista.

Las mujeres en los países desarrollados, que son aventajadas con mayor acceso a la educación están buscando por si mismas una posición paritaria en la sociedad, lo que ha dado paso a un fenómeno por el cual, consciente o inconscientemente están postergando la maternidad, para darse espacio al avance de sus carreras profesionales. Esto trae como consecuencia una baja de la tasa de natalidad en estos países, que ciertamente, no es la solución más idónea contra la desigualdad de género.

Mujeres en la economía y vida pública.

Es importante atender a las múltiples expresiones de la desigualdad, entre ellos la violencia económica, definida como aquella acción u omisión, directa o indirecta, destinada a coaccionar la autonomía de una persona del grupo familiar, que cause o que pudiera ocasionar daño económico o patrimonial, o evadir obligaciones alimentarias, mediante la pérdida, transformación, sustracción o destrucción de bienes de la sociedad de gananciales o bienes propios de la víctima.

En la desigualdad de género se ejerce una violencia económica orgánica, desde el Estado y la sociedad al agredir los derechos económicos de las mujeres.

Asimismo, mediante la limitación o suspensión en el ejercicio del derecho de propiedad sobre dichos bienes. Dicha acción u omisión también puede consistir en la pérdida de utilidades de las actividades económicas familiares o en la obstaculización para el acceso a instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores, derechos o recursos económicos[1]. En la desigualdad de género se ejerce una violencia económica orgánica, desde el Estado y la sociedad al agredir los derechos económicos de las mujeres.

 

La grande evasión del Estado.

La corrupción a la que se ven coaccionadas las mujeres por parte de los funcionarios gubernamentales de los países, la repartición anti-paritaria de los quehaceres del hogar en las familias, el no reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidado no remunerados, como foco de atención en las políticas económicas públicas, la discriminación laboral, la discriminación en el acceso al crédito a las mujeres, y tantos otros factores ya enunciados, constituyen un entramado de violencia económica que menoscaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos (aprobada en 1948) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC, aprobado en 1966), y que podrían ser el tejido oculto que sostiene las otras formas de violencia de género.

La descalificación de su rol en la economía y la desvalorización de su aporte socio-económico desde el núcleo familiar, podrían ser la raíz enquistada en un Estado misógino que converge en situaciones como el Feminicidio.

El no reconocimiento de la violencia contra la mujer en todas sus formas, violencia económica, violencia psicológica, ciberviolencia, etc; la descalificación de su rol en la economía y la desvalorización de su aporte socio-económico desde el núcleo familiar, podrían ser la raíz enquistada en un Estado misógino que converge en situaciones como el feminicidio, un delito que en los últimos tiempos ha llamado la atención por las protestas de las mujeres, especialmente en México, Colombia, Ecuador Chile y Argentina; que exigen a las autoridades la debida atención al tema-problemaes. Evito profundizar en el argumento del feminicidio puesto que es un delito no económico y por lo tanto fuera del ámbito de mi competencia profesional, pero quisiera acotar que la desatención legislativa a estos crímenes forma parte del mismo problema: Un Estado misógino, que mantiene lagunas en la tipificación jurídica del feminicidio, que no viene aceptado y por tanto jurídicamente no existe, como si el marco legal no tuviera la obligación de evolucionar y adaptarse al contexto y a los hechos.

 

Datos Flash.

  1. No solo en la pobreza hay una grande brecha de desigualdad entre hombres y mujeres. Para el 2018, en la lista de los 100 Gerentes, CEO mejor pagados de Italia habían solo 4 mujeres. Los hombres en la cima de la clasifica habían ganado 12,58 millones de euros cada uno, respecto a los 2,75 millones en promedio que han ganado las mujeres CEO.
  2. La participación política de las mujeres en Latinoamérica y el Caribe sigue siendo muy baja. El porcentaje promedio de mujeres parlamentarias en la región para el 2017 era de 28.1%, frente al 71,9% de parlamentarios hombres. La región sigue siendo gobernada por hombres.
  3. La famosa compañía estadounidense Victoria´s Secret, que hace poco anunció no dar continuidad a sus controversiales desfiles catalogados como sexistas, recientemente ha resultado envuelta en un escándalo de sextorción. Las modelos denunciaron que eran forzadas a aparecer completamente desnudas en las imágenes con la amenaza de ser expulsas y destruidas reputacionalmente para la industria de la moda.

A finales de febrero de 2020, en Edimburgo, Escocia, fue aprobado un innovador proyecto de ley que permitiría el acceso gratuito a los absorbentes menstruales y otros productos de higiene femenina. De esta manera se busca normalizar la menstruación como parte del ciclo vital de las mujeres y a la vez disminuir la desigualdad económica de genero, dando acceso gratuito a estos productos de primera necesidad que constituyen un gasto para las mujeres.